Las 3000 viviendas, conflictos, delincuencia, Julio era un niño que jugaba entre violencia, creció entre cacharras, sin licencia, la calle y los tiros desvirgaban su inocencia. En los marrones con el Pelao flipando, uña y carne, sangre y fuego, callejeando, soñando, una R6 pilotando o en un BMW M3 derrapando. De las 3000 al barrio Titerroy volando, Lanzarote tiembla, huracán al mando, su nombre de guerra "El Killo", detrás su comando, bala perdida cada día maquinando. Robó el coche de su madre, velocidad, mucho ronear y no hay más perro que ladre, su situación arde, rebeldía, luces azules, mala fama para la policía.
Un TZR día de Reyes, un sueño, con 13 años ya no se sentía pequeño, dando bandazos, alguna fuga, risueño, picardía pilotando: estilo sureño. La mala fama: su sombra, su dueño. Cruce de miradas provocando enfrentamiento, un hombre se acerca y golpea violento, Julio coje el torna y lo pincha sin miedo. No fue grave, le echaron año y medio y un par de causas por la cara ¡serán cerdos! Centro de menores Tabares, en cautiverio, sentencia de 4 años ¡mama lo siento! Era un poco pendenciero en el centro, a sus compis débiles siempre defendiendo, la osadía le costó un cruel pateo, 8 horas amarrado, desnudo como un perro. Pasan los meses, los días van cayendo, recuerdo como un módulo entero estaba ardiendo, como Julio desafiaba aquel infierno, llorando, su amigo conciliaba el sueño eterno.
Reinserción lenta, primeros permisos, de callejero salvaje a sumiso, en sus pensamientos ahora: el amor, un piso, encontrar la llave que le acerque al paraíso. La magia llega, su novia su pasión, corazones sufren la presión de prisión, sueñan despiertos: pasean bajo un Sol. Rayos de esperanza, luz de redención. Al poco tiempo libertad, ¡el centro de menores con sus muertos! ¡por mí se puede quemar! Ya no la pinto más, quiero formar una familia, creada entre cenizas, tristeza y vigilia. Pero la oscuridad se torna en silencio, con su socio en moto, charlando conduciendo, un veloz demonio de acero surcaba el viento, caballo sin freno, galope sangriento. En el suelo yacía su cuerpo, pulso lento, el aire silbó siniestro, maquiavélico destino de dolor sediento, ahora desde el cielo, está sonriendo.
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