Algo le hacía diferente, sí, siempre lo supe desde que lo diferencié de los demás con su chaqueta gris, su cinturón con el símbolo del dólar, su capucha y su perfume. Me miraba desde el otro extremo de los coches de choque, al principio quise mostrar reparo, pero luego comenzó a encantarme y justo en ese momento él se volvió especial para mí. Recuerdo que estábamos en Octubre, en esos tiempos en que se acaba el verano y toca volver a la rutina del instituto y centrarse en los estudios dejando atrás los amores de verano... Allí comenzaba mi amor veraniego, aunque ese nombre no es que sea cierto, porque le amo en verano, otoño, primavera e invierno, hasta en las estaciones que no están inventadas.
Aquella noche no hacía frío y él no venía para nada abrigado. No dudó en cubrirme con su brazo con mucha confianza, después de varios coqueteos mi temblor por la mezcla de sensaciones que estaba experimentando, él pudo sentirlo. Esa noche nos besamos mucho. Me gustó, fue romántico cómo estábamos juntos en medio de esa plaza, el Bario. Yo sintiendo los besos de un chico del que antes no tenía noticias de su existencia y ahora me interesaba tanto! Por qué era la pregunta.
A las dos noches aparecí de nuevo por su pueblo, me escapé de casa para ir en su búsqueda, una locura sin duda. La mirada de complicidad se notaba en nuestros ojos, pero su necesidad de besarme no era tanta como la mía. Pude saborear entonces el mal sabor de la confusión por primera vez. Ojalá no hubiera sido víctima de su enorme sonrisa y sus ojos brillantes, aparentando no ser capaces de hacerme daño, pero aunque lo hizo, lo hace y lo hará, no le guardaré rencor jamás. Hubo un sentimiento equivocado en mí por él, él no tiene la culpa de que yo me haya enamorado.
Él todavía es inestable, caprichoso, pero el paso de los años lo volverá más sensible, necesitado de ese cariño que es tan difícil encontrar, ese cariño que no tiene nada que ver con el sexo y el morbo. Algún día sentirá amor, amor de ese de dejarse llevar y sentirse querido, rodeado por unos brazos de mujer que puedan abrigarle con la sinceridad de su corazón.
Después de ocho meses de conocernos, he aprendido a comprender. Comprendo su necesidad de besar a alguien distinto que no sea yo, quien no tendrá mi delicadeza ni podrá sustituir el vacío que él siente en su interior. Simplemente no me ama, pero yo sí a él y es aquí cuando comienza el problema.
Una tarde me rompió el corazón cuando me pidió que desapareciera de su vida, me pidió que borrara todos sus recuerdos, hasta su número, no entendía el por qué pero él ya había encontrado su rumbo. Él tal vez sí se enamoró de alguien que no era yo y por eso yo ya no estaba más en su corazón.
En ese instante no me pregunté por qué me había pedido eso, sino todo lo contrario, comprendí que sus dudas e inestabilidades lo habían hecho buscar refugio lejos de mí.
Recuerdo que en ese momento, yo me sentía muy triste, él no puede desaparecer de mi vida, yo lo necesito a mi lado, no podría resistir su ausencia eterna. Sé que en el fondo es dulce como él solo, una buena compañía. Nos veíamos bien juntos. Cuántas veces comprobamos que sus dedos encajaban bien bonitos con los míos, pero nada más. Después de todo aún me queda ese pensamiento que solemos tener todas las mujeres, "yo lo cambiaré". No sé si se va a dejar, pero yo voy a hacer todo lo posible para abrirle los ojos y que consiga crearse un futuro maravilloso, el que realmente se merece.
En el momento en que tenga claro que jamás podré cambiarlo, momento que espero no pase, y si pasa sé que es muy lejano a la actualidad, decidiré ser su amiga, su mejor amiga, no su colega, una amiga de verdad. Tal vez muchas veces lo veré ausente pero entre mis brazos, llorando por el desamor de una nueva equivocación. Yo no podré hacer nada más que consolarlo y callarme todo lo que estoy yo sufriendo en el fondo, porque realmente sé que en ese momento todavía lo querré, para mí es imposible olvidarle. Simplemente suspiraré porque lo seguiré queriendo, por lo que es por dentro de esa herradura que él mismo se ha puesto por fuera para que nadie le haga daño.
Hoy puedo describir el próximo encuentro entre nosotros, no sé si será así, pero yo todas las noches lo sueño: Yo cojo un tren hasta Xátiva, y allí cojo un autobús a las 12.45 o a las 19.00, ya que son los únicos que hay, hasta Navarrés. La misma avenida, el mismo restaurante, la misma iglesia al lado de su casa y él asomado a su balcón diciéndome que vaya para el Bario que ahora baja él. De pronto, con minutos de tardanza, aparece bien vestido y perfumado como siempre. Pero puede que esta vez vaya con él, una nueva compañía, ya que si me ha pedido que desaparezca de su vida, tal vez existe otra mujer en su vida a la que él considera mejor que yo. Aveces no lo comprendo.
Libre como nunca, puedo volver a chillarlo, lo quiero. Somos amigos a pesar de todo lo que pueda pasar y yo cada Octubre lo esperaré en la misma feria, colocada en la misma avenida, en la cual está el mismo restaurante que el año pasado y el otro y el otro y el otro, con la misma iglesia al lado de su casa y la plaza el Bario como testigo, él llegando cuando le apetezca como siempre, pero no me sentiré mal, de hecho lo miraré con tranquilidad abrazado de su actual acompañante y yo, derrumbada por dentro, le lanzaré una frágil sonrisa, y digo frágil, nunca falsa, porque aunque me duela que no sea conmigo, yo siempre voy a buscar su felicidad, por eso a diario le pido que renuncie a su manera de vida de hoy en día.
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